Por Raúl A. Malisani, CABLENET Telecomunicaciones
Capaz te pasó: el gol lo grita primero el vecino, o aparece antes en el grupo de WhatsApp de la familia, que en tu pantalla. Un segundo después, recién ahí, lo ves vos. En este Mundial ese desfasaje se volvió tema de disputas como nunca antes. No es casualidad ni es tu conexión «que anda mal»: es el resultado de una cadena de procesos cada vez más larga entre el estadio y tu televisor, y el streaming es, por lejos, el eslabón que más tiempo agrega.
Un problema viejo que antes no se notaba
El delay en la transmisión de televisión no es nuevo. Existía en la era de la televisión abierta y el cable analógico, cuando muchos sistemas de cable operaban como una gran antena comunitaria, tomando la señal de aire por vía terrestre y redistribuyéndola. Ese retraso era minimo, y solo se hacía perceptible en una situación puntual: cuando alguien escuchaba el gol por la radio unos pocos segundos antes de verlo por televisión.
Con la llegada del transporte satelital la historia cambió un poco. La señal tiene que subir hasta el satélite -unos 36.000 km- y volver a bajar hasta la antena receptora del cable: otros 36.000 km más. Aun así, ese delay adicional seguía siendo tolerable para el ojo y el oído del televidente.
La digitalización parte la transmisión en dos caminos
El salto grande llega con la digitalización. A partir de ahí la televisión empieza a transitar por dos caminos distintos: el lineal tradicional (TDA, cable digital) y el streaming.
La televisión digital lineal tiene un delay algo mayor que el analógico, propio del tiempo que insume el procesamiento y la compresión de la señal, pero sigue siendo un retraso menor, casi imperceptible para quien mira un partido.
El streaming es otra historia. Ahí está la gran ventaja de poder pausar, retroceder y volver a ver un programa cuando uno quiere, pero esa flexibilidad se paga con un delay mucho más alto. La transmisión viaja OTT (over the top), es decir, dentro del mismo ancho de banda de internet que cada usuario tiene contratado, y el tiempo final depende de la plataforma, del procesamiento y de las CDN (Content Delivery Network) que se usen. En la práctica, ese retraso puede ir de unos 15 segundos hasta casi un minuto respecto de la señal en vivo real.
El efecto embudo
Y todavía hay una segunda causa, tan importante como la primera: el efecto embudo. En un evento deportivo en vivo de interés mundial, millones de personas piden el mismo contenido al mismo servidor, en el mismo instante. Ningún proveedor, por más infraestructura que tenga, puede entregarle esa señal a todo el mundo en forma perfectamente simultánea.
La raíz técnica de esto tiene nombre: multicast versus unicast. El aire y el cable analógico -y su equivalente digital, la TDA y el cable lineal trabajan con multicast: el operador envía un único paquete de señales, todas juntas y al mismo tiempo, para que cada usuario elija cuál mirar en su casa. El streaming, en cambio, funciona con unicast: el operador recibe y procesa todas las señales que le llegan desde distintas fuentes y con distintas tecnologías en su central, y las pone a disposición de cada usuario, que tiene que ir a buscarlas una por una. Esa diferencia estructural -una señal para todos versus una señal por cada uno es la que explica, en el fondo, por qué el streaming y la televisión lineal nunca llegan al mismo tiempo.
Mientras el streaming no logre viajar en multicast hasta la casa del usuario, y recién ahí pasar a unicast dentro del hogar para repartirse entre los distintos dispositivos, esta diferencia va a ser muy difícil de cerrar.
Series y películas sí, deporte en vivo, todavía no
El streaming llegó para quedarse y es, sin dudas, una experiencia excelente para ver películas y series: ahí el delay no le importa a nadie. Pero mientras la brecha entre multicast y unicast siga existiendo, el deporte en vivo y las noticias de último momento van a seguir viéndose con menor delay por la televisión abierta y por el cable lineal de siempre.
Por eso, cada Mundial que pasa termina siendo, sin proponérselo, un gran recordatorio: al streaming todavía le queda camino por recorrer para alcanzar al cable convencional en algo tan simple -y tan difícil- como llevar un gol a la pantalla en el mismo instante en que se grita en la cancha.
